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Santiago Corro Caballero 
 
Santiago Corro Caballero 

Desde que entré a la Facultad de Ingeniería conocí a Emilio Rosenblueth. Él estaba en quinto año y yo en primero. Tuve con él una amistad muy estrecha; fue uno de mis mejores amigos, y para mí él no ha muerto, cuando hablo de Emilio lo hago como si aún estuviera en el cubículo de aquí arriba, junto a la Dirección —así inicia Santiago Corro nuestra conversación—.

Fue Emilio quien me invitó a trabajar en el II UNAM, cuando él era director. No habían podido instrumentar el modelo de la presa de la Soledad y yo lo hice. Decidí quedarme en el Instituto porque sabía que aquí se desarrollaban trabajos de alta calidad  Entonces solo éramos ocho investigadores.

Antes de entrar al Instituto y recién egresado de la Facultad de Ingeniería, trabajé en la planeación de Ciudad Universitaria, después me nombraron consultor de la UNAM cuando ya estaba recibido. Intervine prácticamente en todo; de hecho éramos cinco asesores y 70 arquitectos y teníamos reuniones con Barros Sierra, Marco Aurelio Torres H, donde se discutían las propuestas de los arquitectos.

Los primeros trabajos que se hicieron en CU estuvieron bajo mi dirección, empezando por el eje de composición y el primer pozo de agua; la primera oficina que hubo la ocupé yo, estaba ubicada en un edificio situado donde actualmente es rectoría; compartía esta oficina con David Alfaro Siqueiros.

Además de la carrera de ingeniería civil, el ingeniero Santiago Corro ha realizado estudios de posgrado en la UNAM y en diversas universidades e instituciones del extranjero, sobre temas relacionados con estructuras, mecánica de materiales, análisis experimental de esfuerzos, así como vías terrestres y transportes.

Él fue el fundador del Laboratorio de Vías terrestres de este Instituto y fue de los primeros ingenieros en manejar esta línea de investigación en México. A lo largo de su carrera profesional ha desempeñado importantes cargos: Representante Universitario de Enlace entre el Transportation Research Board, National Research Council (TRB), y la UNAM, desde 1964 a la fecha. Ha participado en comités técnicos internacionales como el del TRB y la Association Mondiale de la Route, en representación de México. En diferentes comités técnicos, de 1970 a la fecha. Su producción académica comprende más de 150 publicaciones e informes de investigación. Ha sido revisor crítico de más de 25 libros del Transportation Research Board, editados por separado en inglés, francés y español.

Nací en Guadalajara, y al poco tiempo nos venimos a la ciudad de México. Asistí al Colegio Alemán durante el jardín de niños y la primaria; al Colegio Williams durante la secundaria y la preparatoria. Conservé mi grupo de amigos del Colegio Alemán.

Mis padres son españoles, así es que frecuentábamos el Club España y el Centro Asturiano, donde conocí a Conchita, mi esposa, cuando vino a México a la boda de una de sus primas. Estuvo muy poco tiempo y luego la dejé de ver un año que estuvo en Llanes, España, de donde era originaria. Cuando regresó, me la encontré en el Club España y empezamos el noviazgo. Tuve muchísimas novias, pero a ninguna le prometí matrimonio. El día que decidí casarme, fui a casa de Conchita, donde nunca había estado, y cuando su cuñado abrió la puerta, le dije: “vengo porque quiero casarme con Conchita”. Mi esposa fue a la única persona a quien le pedí matrimonio.

Me casé cuando ya estaba recibido y era ingeniero. Tuvimos una boda muy bonita en la iglesia de San Jacinto, en San Ángel, donde tocaron los himnos de México y de España. Yo le decía: “Concha, cómo no hay derecho de autopista, para no tener que entrar a la iglesia para casarse”.

Tenemos dos hijos y, cuando ellos eran chicos, nos reuníamos en mi casa donde había una alberca muy bonita. Allí conviví con las familias de varios estimados investigadores que no menciono por no omitir a alguno.

Mi hijo es ingeniero mecánico electricista, y ha trabajado en muchas cosas: en una fábrica de aviones ya como ingeniero y en una compañía de camiones. Estudió una maestría y actualmente es director de mercadotecnia en la Universidad Iberoamericana. Tiene muchas habilidades y es muy inteligente. Está casado y tiene dos niños preciosos, uno de tres y otra de cinco años

Mi hija estudió ciencias y técnicas de la comunicación, hizo una maestría y luego trabajó en varias compañías de publicidad. Alcanzó un puesto directivo importante pero, cuando la compañía se fue a Brasil, ella no aceptó salir de nuestro país. Así es que entrenó a la persona que ocuparía su lugar y con lo que tenía ahorrado puso su propia empresa de publicidad. Trabajan con ella varias de sus compañeras.

Soy un apasionado de mi trabajo y por supuesto tengo un gran número de anécdotas ocurridas al realizarlo. En una ocasión fui a montar un puente a los Mochis y me mordió un murciélago. Trabajaba yo en la SCT y tuve que caminar por una viga a 120 metros del lecho del río, que estaba lejos de la vía del tren. Al terminar este trabajo me regresé, pero había que cruzar el río Fuerte y no había puente; entonces vi un cayuco y lo tomé —sabías que si se volteaba yo era capaz de vencer la corriente—. Allí estaba cuando, de repente, sentí un aleteo; pensé que sería una mariposa negra de las de esa zona, pero al ver que no se quitaba, la arranqué y salió una especie de ratoncito con huesos como de pescado, que eché al río. Al día siguiente fui con el médico del Ferrocarril Chihuahua-Pacifico, que era un tipo muy pesado; como no creía que me hubiera mordido un murciélago, me molesté y me fui. Cuando llegué a ver otro doctor, me dijo: “Te salvaste, ya no te dio tétanos, porque eso es inmediato”.

A pesar de que en ocasiones he podido dejar de trabajar, como cuando ha habido huelgas en nuestra universidad —en especial la última que duró varios meses—, siempre me las he ingeniado para venir al Instituto. Incluso los muchachos huelguistas me dejaban entrar y salir, a veces a las 4 de la mañana. Un día me dijeron: “Oiga, ingeniero, usted es el único que pasa por aquí entre las 12 de la noche y las 4 de la madrugada, así es que a partir del próximo lunes le avisamos que se va a cerrar a las 12 de la noche. Nunca hablé con ellos de política, pensábamos diferente, pero respeté el horario de los huelguistas.

Para resumir mi vida puedo decir que no me arrepiento de lo que he hecho. He disfrutado de la vida de una manera normal y me he podido desempeñar plenamente en el campo de la ingeniería, viajando por los cinco continentes.